Bajo presión: COVID-19 y la financiación de la educación superior en Europa

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Fuente: Banco Mundial

Había una vez tres cerditos. Cada uno construyó una casa: una de paja, una de palos y una de ladrillos. Un día, el gran lobo malo vino a comerse a los cerditos. Derribó la primera casa, y luego la segunda.  Sin embargo, no pudo derribar la tercera casa, y los cerditos lograron sobrevivir.

Avanzando rápido hasta el 2020. El lobo que amenaza la educación superior europea e internacional es el coronavirus (COVID-19). Las instituciones están cerradas, luchando para organizar el aprendizaje en línea en un corto plazo y para mantener a sus estudiantes virtualmente cerca mientras que pocos o ninguno permanece en el campus. Los cerditos se miran entre sí y se preguntan: ¿qué casa va a sobrevivir?

Las “casas” de las que hablamos son los cimientos financieros de los sistemas de educación superior europeos. Para simplificar, hay tres modelos básicos: el de financiación privada (“la casa del mercado”), el de financiación pública (“la casa del bien público”), y “la casa con una base diversificada”. Mientras el lobo se abre paso por las localidades , ¿qué casas derribará?

La casa del mercado. 

Comencemos con una arquetípica “casa del mercado”, que se financia en su mayor parte de forma privada pero que aún depende en gran medida de los fondos estatales: el modelo del Reino Unido. Con cerca de la mitad de su financiación proveniente de fuentes privadas (y una parte considerable de fuentes de la Unión Europea) en los últimos años, esta casa parece particularmente vulnerable . Considerando exclusivamente los impactos de 2019/20 y el caso de los costos de matrículas de los estudiantes internacionales de 2020/21, las universidades del Reino Unido calcularon inicialmente una caída de 6.900 millones de libras esterlinas en fondos privados. Más tarde, cálculos más conservadores situaron el “agujero negro” emergente en 2.500 millones de libras esterlinas. A principios de mayo, el gobierno anunció que no habría un rescate multimillonario para las universidades y, en cambio, permitió que las instituciones cobraran la totalidad de los derechos de matrícula durante el cierre, además las universidades podrán matricular hasta un 5% más de estudiantes. Esto  ha enfurecido a los estudiantes y a sus organizaciones; alrededor de una quinta parte de los potenciales solicitantes está reconsiderando sus planes de comenzar su educación superior.

Los estudiantes internacionales, a los que se les cobran tasas significativamente más altas, también juegan un papel crucial. Van al Reino Unido para aprender, pero también para adquirir experiencia social y de desarrollo. Si se resta esto y la universidad no es una marca reconocida en todo el mundo, ¿es acaso el residuo  suficiente para atraer a los estudiantes? En el Reino Unido, como en los Estados Unidos, las instituciones de élite podrán llenar los espacios abiertos de las listas de espera y las instituciones de nivel inferior. Pero esta opción no estará disponible para todas las instituciones, y la presión sobre las instituciones de nivel inferior será enorme. Si se basa la financiación de la universidad en los mercados, por supuesto que se vuelve vulnerable a la evolución del mercado. Durante muchos años, era una opción muy popularver la educación superior como un bien comercializable a nivel mundial que se podía vender a los estudiantes extranjeros y especialmente a los estudiantes extranjeros a precios elevados. Muchas universidades dependían en gran medida de esos ingresos para subvencionar otras actividades. Esto podría seguir funcionando para las institutiones  con buena reputación, pero para muchas otras instituciones la casa construida con paja podría derrumbarse a causa de COVID-19.

La casa del bien público

La casa del bien público sigue en pie, aparentemente beneficiándose del hecho de que resistió las tentaciones del mercado, basándose en la firme creencia de que la educación superior debería financiarse con cargo a los presupuestos públicos. En algunos países europeos, ha prevalecido la idea de que estudiardebe ser efectivamente “gratuito”, tanto para los estudiantes nacionales como para los extranjeros (trasladando de hecho los costos de la educación superior de los que más benefician a todos los contribuyentes).  En Alemania, la parte pública de la financiación de las universidades es del 86%, no hay tasas de matrícula para los estudiantes alemanes, y las personas de fuera de Europa pagan una pequeña cuota de matrícula en sólo uno de los 16 estados. Del mismo modo, en Finlandia, la financiación pública cubre aproximadamente el 92% de los gastos institucionales, y la educación es gratuita para los estudiantes nacionales y de la UE. Aunque las universidades pueden cobrar tasas de matrícula a los estudiantes extranjeros, los ingresos netos procedentes de las tasas han sido hasta ahora insignificantes.

Los casos finlandés y alemán ilustran por qué la casa del bien público sigue en pie en la actualidad: a corto plazo, parece que no hay límite para el gasto público y la deuda pública durante la crisis. Los políticos ven ahora su misión como salvar a todas las industrias y grupos que sufren la crisis, proporcionando paquetes con miles de millones de euros. Hay una gran sensibilidad a los problemas que ocurrirían si las instituciones educativas no son capaces de hacer su trabajo. Las universidades no tienen que afrontar recortes; las fuentes públicas siguen burbujeando. Algunos estados alemanes incluso han decidido aportar fondos adicionales: Hesse, por ejemplo, añadió casi 40 millones de euros a los presupuestos de las universidades en marzo, y en abril invirtió más de 110 millones de euros en la digitalización. En Finlandia, el gobierno se prepara para ofrecer a las universidades financiación adicional para ampliar la matrícula anual. Con los fondos públicos que amortiguan a las universidades de los impactos externos, éstas parecen cómodamente independientes de los desarrollos del mercado. Las universidades públicas de estos países siguen adelante, con la enseñanza en línea, pero sin una revisión importante de  planes por razones financieras.

Entonces, ¿puede el “cerdito de bien público” permanecer seguro en su establo? Definitivamente no, ya que lo más probable es que sea el próximo en ser destrozado o incluso volado, aunque con cierto retraso. Los presupuestos públicos están teniendo enormes déficits, y los recortes vendrán eventualmente. En Alemania, en 1995, el 80 por ciento de los fondos de la universidad procedían de la financiación pública; 20 años más tarde eran sólo el 50 por ciento. No hubo una sustitución por ingresos privados; más bien, los gobiernos estatales y federales aumentaron en gran medida la financiación de programas competitivos. Los programas públicos tienen un horizonte temporal limitado; son los primeros en expirar si los presupuestos están en tensión fiscal, lo que acarrearía consecuencias nefastas para el personal académico empleado en estos programas. Las universidades pronto competirán con las escuelas por los escasos fondos del sector educativo, y el público será más consciente de los desafíos que enfrentan las escuelas. En Finlandia, parece haber un compromiso político para mantener al menos los niveles actuales de financiación, pero es probable que la educación superior no escape para siempre a las medidas de austeridad, cualquiera que sea la forma que adopten.

Por lo tanto, los futuros recortes pueden ocurrir y sucederán con bastante facilidad. Una casa construida casi exclusivamente con fondos públicos aguantará un poco más, pero no es realmente capaz de proteger a los cerditos a largo plazo.

La casa con una base diversificada: ¿el camino a seguir? 

La crisis de COVID-19 ofrece muchas lecciones para la educación superior. Una es que ningún sistema de financiación monolítico protege a las universidades, académicos y estudiantes en una crisis. Como han demostrado los ejemplos, los sistemas de financiación privados y públicos sufren tarde o temprano, aunque de diferentes maneras. Pero el hecho de tener múltiples fuentes de financiación puede extender los riesgos. La educación superior debe aprender de las estrategias de diversificación de riesgos de los inversionistas y no poner todos los huevos en una sola canasta, para que el sector sea más innovador en el uso de los instrumentos de financiación.

Esto lleva a algunas recomendaciones a los gobiernos sobre cómo construir una casa de ladrillos robusta. En primer lugar, la erosión de la financiación pública de la enseñanza superior, combinada con la dependencia de los ingresos del mercado, son  estrategias sumamente problemáticas que pone en peligro al sector. Será necesario proteger los presupuestos para la educación terciaria en el futuro. El sector seguirá haciendo una contribución clave al desarrollo económico de los países; esto no va a cambiar debido a COVID-19. Así pues, el mantenimiento de un sector de la enseñanza superior dinámica y equitativa debería seguir siendo una prioridad para los gobiernos europeos. Una base de financiación pública sólida y fiable es complementaria, no contradictoria con las universidades emprendedoras que buscan ingresos en el mercado.

En segundo lugar, los gobiernos deberían diversificar la base de financiación con estímulos públicos y sistemas de incentivos inteligentes. Un buen ejemplo es Suecia: este año se crearán 6.000 plazas de estudio de “escuela de verano” a corto plazo en las universidades con financiación gubernamental adicional, para estimular el aprendizaje permanente y la empleabilidad de los trabajadores suecos que están en peligro por la crisis. Los Países Bajos llevan muchos años utilizando “vouchers de innovación”: las pequeñas y medianas empresas pueden pagar las transferencias de conocimientos que reciben de las instituciones de enseñanza superior mediante vouchers financiados con fondos públicos. Las innovaciones derivadas de esas colaboraciones serán muy pertinentes para la recuperación de la crisis. Podrían ser ladrillos importantes para construir una casa estable.

En tercer lugar, la crisis es un buen momento para reconsiderar la viabilidad de los sistemas de enseñanza superior financiados exclusivamente (o casi exclusivamente) con fondos públicos. ¿Han alcanzado su pleno potencial en cuanto a la calidad de la enseñanza y la investigación, así como en cuanto a la competitividad internacional? ¿Ha creado este modelo un sector de educación terciaria más equitativo? ¿O fue simplemente la solución más conveniente para mantener la paz y la tranquilidad en el hogar? En este último caso, ¿es un lujo que los países todavía pueden permitirse? La experiencia internacional demuestra que las tasas de matrícula por sí solas no pueden elevar la calidad, pero pueden introducirse de manera equitativa, por ejemplo, en combinación con modelos de préstamos condicionados a los ingresos.

Pero introducir viejos medicamentos para tratar nuevas enfermedades no es nada fácil en las “casas del bien público”. En Finlandia, un informe de expertos sobre la estrategia de recuperación de COVID propuso recientemente la introducción de tasas de matrícula para los estudiantes domésticos. No fue una sorpresa que la propuesta se encontrara con una protesta política y pública, y el Ministro de Ciencia y Cultura rechazó decisivamente la propuesta inmediatamente después de que se publicara el informe. El caso se cerró incluso antes de que se abriera realmente.

La diversificación de las fuentes de financiación no sólo requiere que los gobiernos permitan y apoyen estas  opciones , sino que también requiere una gestión institucional adecuada. Significa centrarse más en la gestión estratégica y de riesgos. Las instituciones deben evaluar sus fuentes en función de la probabilidad y el volumen de las posibles pérdidas y crear estrategias para mitigar esos riesgos.

Así pues, podría depender de la fuerza y la persistencia del resoplido del gran lobo feroz que los gobiernos y las instituciones de enseñanza superior sean capaces de aprender las lecciones de la crisis de 2020.