Es hora de empezar a resolver la crisis migratoria de América Latina con soluciones de vivienda creativas

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Fuente: Banco Mundial

La mayor crisis migratoria en el mundo quizás ya no se produce en Oriente Medio o África, sino en América Latina, donde 4,8 millones de personas han huido de la crisis política y económica de Venezuela en búsqueda de mejores condiciones de vida . Los migrantes se han dirigido principalmente hacia Colombia, pero también hacia Perú, Chile, Estados Unidos e incluso España.

Según estudios (i), más de la mitad de los profesionales jóvenes de Venezuela desean irse, y el 20 % de la población total podría abandonar el país a fines de 2020. Sin embargo, increíblemente esta crisis sigue sin recibir suficientes fondos (PDF, en inglés) de la comunidad internacional, que está destinando solo USD 300 per cápita para ayudar a los venezolanos en comparación con los USD 5000 que entrega para cada refugiado sirio. Ciertamente, estos migrantes venezolanos no están huyendo de un conflicto armado, pero están enfrentando graves condiciones de vida.

Un ejemplo conmovedor de empatía y reciprocidad regional es la adopción de una política de puertas abiertas por parte de los Gobiernos de Colombia y Perú. En el pasado, los venezolanos dieron la bienvenida a refugiados colombianos y peruanos que escapaban del terrorismo, la hiperinflación y la violencia relacionada con las drogas. Ahora, los Gobiernos de ambos países procuran registrar legalmente a los migrantes de Venezuela para proporcionarles atención médica y educación.

Perú y Colombia están también enfrentando otro problema crítico que raramente se aborda en una crisis migratoria: el acceso a vivienda. 

A partir de las enseñanzas extraídas de la crisis de refugiados de 2015 en Europa, ambos países han evitado los horrores de los campamentos tratando de integrar a los millones de recién llegados en sus ciudades. Pero albergar a una gran afluencia de venezolanos es más fácil decirlo que hacerlo, especialmente para dos Gobiernos que ya tienen dificultades para proporcionar vivienda a su creciente población urbana. Millones de familias aún viven en casas de mala calidad y carecen de seguridad de la tenencia. Mientras tanto, los migrantes y refugiados se ven forzados a encontrar alojamiento inadecuado y temporal: el 57 % de los venezolanos vive en condiciones de hacinamiento en Perú en comparación con solo el 4 % de los peruanos (PDF), al tiempo que el 32 % de los inmigrantes de Venezuela en Colombia no tiene acceso a vivienda (PDF), viéndose obligados a ocupar zonas y espacios públicos que no cuentan con agua potable, saneamiento ni otros servicios públicos.

La cuestión primordial es el dinero. Por ejemplo, otorgar subsidios de alquiler por solo 18 meses a los migrantes y refugiados en Colombia podría costar hasta USD 1500 millones, casi el triple de la inversión anual total en vivienda urbana.

Es hora de que la comunidad internacional abra su corazón y sus bolsillos. La vivienda adecuada no es solamente un derecho humano (PDF, en inglés). Ha demostrado ser eficaz para generar grandes beneficios económicos, aumentar los niveles de educación, mejorar la salud física y mental, y promover la inclusión social. 

Lo bueno es que ya sabemos cómo hacerlo. Sí, se necesitan construir más casas, pero este proceso puede ser lento y costoso. Integrar a los migrantes en la estructura urbana ya existente podría producir beneficios más amplios. Ideas innovadoras han surgido en otras regiones —propuestas por responsables de la formulación de políticas, arquitectos, ONG e incluso familias— que se han visto obligadas a encontrar soluciones de vivienda rápidas. A continuación, presentamos tres:

  • Vales de alquiler. Una cantidad estimada de 3,6 millones de refugiados sirios estaban viviendo en Turquía en 2019. Más del 90 % de ellos habitaba en viviendas urbanas financiadas por el programa de transferencias de efectivo sin restricciones de la Unión Europea, la Red de Seguridad Social de Emergencia (ESSN, por sus siglas en inglés) (i), que proporciona un estipendio mensual a las familias para cubrir el 75 % de sus necesidades. El resto de los gastos es responsabilidad de las familias beneficiarias. El dinero no se usa para compras frívolas, como sostienen los críticos, sino para pagar el alquiler. El programa ESSN ha beneficiado también a los pequeños propietarios y empresas, impulsando las economías locales.
  • Reutilización de edificios vacíos. Alemania ha recibido a más de 1 millón de refugiados desde 2015, instalándolos en ciudades a través de todo el país. Esta solución ha permitido a las municipalidades compartir las responsabilidades en el ámbito de la vivienda y, a su vez, multiplicar las probabilidades de encontrar soluciones innovadoras. Por ejemplo, en Magdeburg (i), edificios de departamentos de estilo soviético deshabitados se han transformado en residencias para refugiados. Grecia (i) también ha reacondicionado edificios desocupados, incluido un hotel abandonado, aunque principalmente para ser usados como viviendas temporales. Ese tipo de soluciones ha generado un debate constructivo en Europa acerca de cómo ir más allá de la vivienda provisional.
  • Subsidios para el mejoramiento de las viviendas. Más de 750 000 refugiados (PDF, en inglés) han huido de Siria para establecerse en zonas urbanas de Jordania. El Consejo Noruego para los Refugiados estableció un programa (PDF, en inglés) para aumentar la oferta de viviendas de alquiler. La entidad otorga una contribución monetaria a los dueños de viviendas para que finalicen propiedades sin terminar a cambio de que las arrienden sin costo a una familia de refugiados por hasta 18 meses. De esta manera se beneficia también a la economía local. Igualmente, para hacer frente a la escasez de viviendas en Sudáfrica, las familias de este país han encontrado una solución en sus propios patios traseros. En la actualidad, el 12 % de las familias sudafricanas (i) vive en construcciones formales e informales levantadas en los patios de viviendas ya existentes, la mayoría de las cuales son subsidiadas por el Gobierno. Tal uso de los patios traseros ha aumentado la oferta de viviendas al tiempo que se evitan los trámites burocráticos gubernamentales. Esta práctica ha permitido a los propietarios obtener ingresos adicionales y, al mismo tiempo, reducir el número de familias que viven en barrios marginales.

Desafortunadamente, estas soluciones no son rápidas, fáciles o baratas (PDF). Pero es mucho lo que está en juego. Desafortunadamente, estas soluciones no son rápidas, fáciles o baratas (PDF). Pero es mucho lo que está en juego. Actualmente, hay unos 70 millones de personas desplazadas por la fuerza en el mundo, y el cambio climático aumentará este número.  Tenemos que ir más allá de la empatía e invertir en programas de integración. La historia nos ha mostrado que los refugiados de hoy son los ciudadanos del futuro. El acceso a una mejor vivienda aumentará las probabilidades de que ellos —y sus comunidades— puedan prosperar.

 

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