Tres preguntas clave sobre el impacto de la pandemia en el mercado laboral de América Latina

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Fuente: Banco Mundial

Con una contracción económica cercana al 7%, unos 30 millones de personas quedaron desempleadas o dejaron la fuerza laboral en el 2020. Es preocupante ver estas cifras, especialmente cuando desearíamos una recuperación más rápida. Ya han pasado varios meses del 2021, y los efectos de la pandemia siguen sin controlarse en la región.

Aunque las campañas de vacunación están ayudando a abordar la crisis de salud, los gobiernos siguen batallando para hacer frente a la crisis económica y, en especial, buscando formas para ayudar a los trabajadores más vulnerables.

Nuestro reciente estudio Empleos interrumpidos: Los efectos de la COVID-19 en los mercados laborales de América Latina y el Caribe tiene como objetivo alimentar la discusión política utilizando datos del mercado laboral recolectados al comienzo de la pandemia para responder a tres preguntas clave:

¿Quiénes perdieron más empleos?

Desafortunadamente, los trabajadores más vulnerables, es decir, aquellos menos preparados para afrontar los choques económicos. Todos fueron afectados por la pandemia. Pero los más afectados fueron aquellos cuyos empleos y características los hacen menos resilientes a los choques económicos por su informalidad, falta de experiencia y bajos ingresos.

Factores como género, educación, conectividad y experiencia han jugado un rol crucial en determinar cuán afectados se han visto los trabajadores durante la pandemia.  

Dos meses luego de declararse la pandemia, en mayo de 2020, un 20% de las mujeres había perdido el empleo. El cierre de las escuelas y el incremento de la carga de tareas en el hogar las apartaron del mercado laboral. Aún más, las industrias que concentran una proporción importante de mano de obra femenina (hotelería, restaurantes, turismo, entre otras) se vieron fuertemente afectadas por la crisis.

Uno de cada cuatro trabajadores con educación primaria perdió su empleo. Y también se vieron igual de afectados aquellos sin acceso a internet en el hogar. Además, la pronunciada caída de la actividad económica y el incremento de la incertidumbre limitaron las contrataciones, afectando a trabajadores jóvenes de 25 años o menos. Un cuarto de ellos perdió su trabajo, afectando potencialmente sus ingresos futuros. Desafortunadamente, los efectos desiguales de la pandemia siguen persistiendo (Figura 1).

¿Qué sucedió con aquellos que no perdieron el empleo?

¡Muchos se ausentaron temporalmente del trabajo! Contrario a lo que se esperaba, las personas que se mantuvieron empleadas no lo hicieron cambiando hacia empleos de menor calidad al comienzo de la crisis.

En promedio, solo el 5% por ciento de los trabajadores cambiaron de sus empleos prepandemia a nuevos empleos. Asimismo, vimos pocas transiciones de tipos de empleos, es decir, grandes grupos de trabajadores asalariados que tuvieran que dejar sus puestos para trabajar por cuenta propia.

Lo que sí sucedió fue un incremento en la cantidad de ausencias laborales, seguido de pérdidas de empleo. Las personas que no trabajan pero tienen un empleo al que esperan volver -los llamados trabajadores ausentes- se consideran tradicionalmente como parte de la población ocupada.

La pandemia incrementó el número de ausencias temporales y exacerbó la incertidumbre de cuándo regresarían a sus labores. Un cuarto de trabajadores estuvo ausente en mayo de 2020. Y solo la mitad de ellos había regresado a trabajar en agosto del mismo año. Desafortunadamente, la evidencia sugiere que las crisis pueden tener impactos en la estructura del empleo que demoran en disiparse.

¿Qué se puede hacer?

Incrementar la conectividad digital, la flexibilidad laboral, y las habilidades de los trabajadores. Estas medidas podrían ayudar a aliviar los problemas generados por la pandemia en el mercado laboral.

En el corto plazo, los gobiernos han tomado medidas significativas como activar mecanismos de protección social para amortiguar los impactos de la crisis. Y se seguirá necesitando el soporte financiero y la flexibilidad en los programas de trabajo. Los gobiernos también pueden proveer subsidios para disminuir los costos de contratar a ciertos tipos de trabajadores afectados por la pandemia y abordar regulaciones laborales que que puedan desacelerar la recuperación.

En el mediano plazo, se necesitarían programas para mejorar las habilidades de los trabajadores de forma que puedan reintegrarse a la fuerza laboral. Además, aumentos en el acceso a servicios de cuidado infantil ayudarán a los padres y madres a equilibrar las tareas del hogar y el trabajo. Asimismo, las economías se beneficiarían de una expansión de la conectividad digital e incrementar el acceso asequible a internet.

El empleo y el ingreso laboral generado por un mejor acceso digital son claves para la reducción de la pobreza.  Las políticas públicas que tengan como objetivo contrarrestar la desigualdad generada por la pandemia en el mercado laboral jugarán un rol clave para una recuperación inclusiva.