Un largo camino cuesta arriba: Cómo superar la crisis y construir una economía más resiliente

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Fuente: Fondo Monetario Internacional

6 de octubre de 2020

1. Introducción: Un mundo donde todo ha quedado trastocado

Estimada Minouche, muchas gracias por su cálida bienvenida. Es un honor para mí celebrar con todos ustedes el 125º aniversario de la Escuela de Economía de Londres (LSE). Es un momento de orgullo para los alumnos y profesores, y para los ex alumnos.

Como ex alumna de la LSE y Directora Gerente del FMI, puedo afirmar que nuestras instituciones comparten un gran número de valores. Tuve ocasión de recordarlo el año pasado, cuando reparé en una gran escultura nueva del campus de la LSE: el globo terráqueo. Estamos conectados por nuestra perspectiva mundial, por nuestra profunda preocupación por el mundo en que vivimos y su futuro.

La escultura de Mark Wallinger no podría simbolizar mejor lo que afrontamos hoy: nuestro mundo ha quedado trastocado debido a la pandemia: más de un millón de víctimas mortales, efectos económicos sobre miles de millones de personas. En los países de bajo ingreso, los shocks son tan profundos que nos arriesgamos a tener una «generación perdida».

Para afrontar esta crisis, podemos inspirarnos en una generación anterior. William Beveridge, antiguo director de la LSE, presentó en 1942 su famoso informe, que llevó a crear el Sistema Nacional de Salud del Reino Unido. Y en 1944, John Maynard Keynes y Harry Dexter White lideraron el establecimiento del sistema de Bretton Woods, que incluye el FMI y el Banco Mundial.

Ellos forjaron un mundo mejor en el peor momento posible, en plena guerra. Ese espíritu es el que necesitamos hoy para construir un mundo pospandémico que sea más inclusivo y resiliente.

Este será el interés central de los 189 países miembros del FMI cuando se reúnan la próxima semana en nuestras Reuniones Anuales virtuales. Es también el tema en que me voy a centrar hoy.

2. Perspectivas mundiales: Un largo camino cuesta arriba

Detengámonos primero en el panorama económico. En el segundo trimestre de este año, la actividad económica mundial registró una caída inaudita debido al cierre durante semanas del 85% de la economía mundial.

En junio, el FMI proyectó una fuerte contracción del PIB mundial en 2020. El panorama actual es menos grave. Actualmente, estimamos que la evolución registrada en el segundo y el tercer trimestre fue un poco mejor de lo que se esperaba, lo cual ha permitido revisar ligeramente al alza la proyección mundial para 2020. Seguimos proyectando que la recuperación será parcial y desigual en 2021, como verán la semana que viene en nuestras proyecciones actualizadas.

En gran medida, hemos llegado a este punto gracias a las medidas de política extraordinarias que frenan la caída de la economía mundial. Los gobiernos han destinado unos USD 12 billones en respaldo fiscal a hogares y empresas. Asimismo, se han aplicado medidas de política monetaria inauditas para mantener los flujos de crédito y evitar que millones de empresas tuviesen que cerrar.

No obstante, algunas intervenciones tuvieron mejores resultados que otras. En las economías avanzadas se trata de hacer todo lo necesario. Los países más pobres se esfuerzan por hacer todo lo posible.

Esta brecha en la capacidad de respuesta es una de las razones por las que vemos resultados diferenciados. Otra razón es la eficacia de las medidas para contener la pandemia y reiniciar las actividades económicas. En muchas economías avanzadas, incluidas las de Estados Unidos y la zona del euro, la desaceleración sigue siendo extremadamente dolorosa, pero es menos grave de lo que se esperaba. China, por su parte, registra una recuperación más rápida de lo que se preveía. Otros países siguen muy afectados, y algunas de nuestras revisiones son a la baja.

Los mercados emergentes, los países de bajo ingreso y los estados frágiles siguen enfrentándose a una situación precaria. Sus sistemas de salud tienen más carencias, y están muy expuestos a los sectores más afectados, como son el turismo y las exportaciones de materias primas. Además, dependen enormemente del financiamiento externo. La abundante liquidez y las bajas tasas de interés ayudaron a muchos mercados emergentes a recuperar el acceso al crédito, pero desde marzo ni un solo país de África subsahariana ha emitido deuda externa.

Por tanto, mi principal mensaje es el siguiente: La economía mundial está recuperándose de la profunda crisis, pero la hecatombe está lejos de haber terminado. En la actualidad, todos los países se enfrentan a lo que yo llamo « Un largo camino cuesta arriba», una complicada escalada que será largadesigual e incierta, además de propensa a contratiempos.

Iniciamos este «largo camino cuesta arriba» unidos por una sola cuerda, y nuestra fortaleza vendrá definida por la de los miembros más débiles de la cordada. Necesitarán ayuda cuesta arriba.

Nos espera un camino empañado de una incertidumbre extraordinaria. Un avance más rápido en el desarrollo de las medidas de salud, en forma de vacunas y tratamientos, podría acelerar el «camino cuesta arriba», pero este también podría complicarse, sobre todo si el número de brotes graves aumenta significativamente.

Los riesgos se mantienen elevados, también por el incremento de las quiebras y las tensiones en las valoraciones en los mercados financieros. Además, muchos países se han vuelto más vulnerables. Sus niveles de deuda han aumentado debido a su respuesta fiscal a la crisis y a las fuertes pérdidas de producción e ingreso. Según nuestras estimaciones, la deuda pública mundial alcanzará un nivel máximo histórico en 2020, situándose en torno al 100% del PIB.

Asimismo, existe ahora el riesgo de sufrir graves daños económicos prolongados como consecuencia de la pérdida de empleo, las quiebras y la interrupción de programas educativos. Esta pérdida de capacidad hace que las expectativas de producción mundial se mantengan muy por debajo de las proyecciones anteriores a la pandemia en el mediano plazo. Para casi todos los países, supondrá un retroceso de la mejora de las condiciones de vida.

Esta crisis también ha empeorado todavía más la desigualdad, por sus efectos desproporcionados sobre los trabajadores poco calificados, las mujeres y los jóvenes. Hay obviamente ganadores y perdedores, y nos arriesgamos a acabar con una Historia de dos ciudades. Debemos encontrar una salida.

3. La senda a seguir: Afrontar la crisis e impulsar la transformación

Así pues, ¿cuál es la senda a seguir? Vemos cuatro prioridades inmediatas:

  • En primer lugar, defender la salud de las personas. Es imperativo gastar en tratamientos, pruebas y rastreo de contactos, como lo es reforzar la cooperación internacional para coordinar la fabricación y distribución de la vacuna, en especial en los países más pobres. Solo si derrotamos al virus en todas partes podemos garantizar una recuperación económica completa en cualquier parte.
  • En segundo lugar, evitar la retirada prematura de las políticas de apoyo. Allí donde la pandemia persista, será fundamental mantener el apoyo en toda la economía, tanto a las empresas como a los trabajadores, por ejemplo en forma de aplazamientos del pago de impuestos, garantías de crédito, transferencias monetarias y subsidios salariales. Igual de importante es mantener el tono acomodaticio de la política monetaria y las políticas de liquidez, para garantizar el flujo de crédito, en especial hacia las pequeñas y medianas empresas, lo cual respaldará tanto el empleo como la estabilidad financiera. Si se corta la cuerda de ayuda antes de tiempo, el Largo camino cuesta arriba se convertirá en una caída al vacío.
  • En tercer lugar, la aplicación de una política fiscal flexible y orientada hacia el futuro será fundamental para que la recuperación se afiance. Esta crisis ha provocado profundas transformaciones estructurales, y los gobiernos deben desempeñar el papel que les corresponde a la hora de reasignar capital y mano de obra en apoyo de la transición. Para ello, se requerirán estímulos para la creación de empleo, especialmente en inversión verde, y será necesario amortiguar los efectos sobre los trabajadores, a través de la recapacitación y el reciclaje, pero también ampliando la cobertura y duración del seguro de desempleo. Para que la transición a los nuevos puestos de trabajo sea justa, será fundamental proteger el gasto social.
  • En cuarto lugar, abordar la deuda , sobre todo en los países de bajo ingreso. Entraron en esta crisis con niveles de deuda ya altos, y esta carga se ha vuelto aún más pesada. Para hacer frente a la crisis y mantener las necesarias políticas de apoyo, para evitar que se reviertan los avances logrados en materia de desarrollo a lo largo de décadas, estos deberán recibir más ayuda, y de forma rápida. Para ello, deberán tener acceso a más donaciones, créditos concesionarios y alivio de la deuda, en combinación con una mejora de la gestión de la deuda y la transparencia. En algunos casos, se necesitará la coordinación a escala mundial para reestructurar la deuda soberana, con la participación plena de acreedorestanto públicos como privados.

En todos estos ámbitos, los países miembros pueden contar con el FMI. Les ayudaremos a lo largo de todo el camino. Trataremos de ser su sherpa. Les ayudaremos a trazar el recorrido, proporcionando asesoramiento de política. Ofreceremos la capacitación que necesiten. Ante todo, brindaremos apoyo financiero y ayudaremos a aliviar la carga de la deuda de aquellos que, de lo contrario, quizá no puedan seguir avanzando.

Ya hemos proporcionado financiamiento de emergencia a una velocidad y en una magnitud inauditas a 81 países. Hemos sobrepasado los USD 280.000 millones en compromisos de préstamo, más de una tercera parte de los cuales han sido aprobados después del mes de marzo. Y estamos en condiciones de dar más: aún tenemos recursos sustanciales de nuestra capacidad de préstamo total de USD 1 billón, que podemos poner a disposición de nuestros países miembros para que puedan iniciar el «camino cuesta arriba».

Permítanme que insista una vez más en que el ascenso será complicado. Deberán abrirse nuevos senderos en la montaña. No podemos conformarnos con reconstruir la vieja economía, marcada por un crecimiento y productividad reducidos, una desigualdad elevada y un empeoramiento de la crisis climática.

Por este motivo, se requieren reformas fundamentales, para construir una economía más resiliente: más verde, inteligente e inclusiva; en definitiva, más dinámica. Es ahí adonde deben dirigirse las enormes inversiones que se requerirán para que la recuperación sea sólida y sostenible.

Nuevos estudios del FMI muestran que un incremento de la inversión pública de nada más que el 1% del PIB en las economías avanzadas y los países emergentes puede generar hasta 33 millones de nuevos puestos de trabajo.

Sabemos que, en muchos casos, los proyectos verdes bien concebidos pueden generar más empleo y mayor rentabilidad que un estímulo fiscal convencional.

Asimismo, sabemos que la transformación digital se ha acelerado y promete una productividad mayor, así como nuevos puestos de trabajo con salarios más altos. Podremos desarrollar esta capacidad si modernizamos los sistemas tributarios e invertimos en educación e infraestructura digital. Nuestro objetivo debe ser que todo el mundo tenga acceso a Internet y capacidad para prosperar en la economía del siglo XXI.

4. Conclusión: ¡Sigan avanzando!

Todo esto se puede hacer, porque sabemos que las generaciones anteriores fueron lo suficientemente valientes y decididas para escalar sus montañas. Ahora nos toca hacerlo a nosotros; esta es nuestra montaña.

Como dijo un montañero: “ La cima de la montaña está a nuestro alcance, solo hay que seguir subiendo”.

Eso mismo es aplicable también al Largo camino cuesta arriba y las políticas necesarias para avanzar. Unidos por una sola cuerda, podemos superar la crisis y crear un mundo más próspero y resiliente para todos.