Una nueva política para ayudar a los países más pobres a gestionar las vulnerabilidades derivadas de la deuda

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Fuente: Banco Mundial

Cuando los países que pueden recibir financiamiento de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) —el fondo del Banco Mundial para los países más pobres— entraron en la crisis de la COVID-19, ya mostraban niveles elevados de endeudamiento y situaciones fiscales endebles. La pandemia ejerce ahora una presión enorme sobre estos países, que deben financiar gastos adicionales destinados al alivio y la recuperación en un contexto de reducción de los ingresos fiscales y acceso limitado al financiamiento sostenible. Esto agrava los riesgos vinculados con la deuda en un momento en que estos países ya se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

A casi un año del inicio de la crisis, la proporción de países clientes de la AIF (evaluados mediante el Marco de Sostenibilidad de la Deuda para los Países de Ingreso Bajo) (i) que muestran un elevado riesgo de caer en sobreendeudamiento o que ya lo padecen ha aumentado del 50 % al 55 %, lo que continúa la tendencia de deterioro observada desde 2013.


Gráfico 1: Evolución del riesgo vinculado con la deuda externa en los países que pueden recibir financiamiento de la AIF (Porcentaje de países)

Evolución del riesgo vinculado con la deuda externa en los países que pueden recibir financiamiento de la AIF (Porcentaje de países)
Fuente: Base de datos del Marco de Sostenibilidad de la Deuda para los Países de Ingreso Bajo del Banco Mundial (Nota: Referido a los países clientes de la AIF, según el Marco de Sostenibilidad de la Deuda para los Países de Ingreso Bajo. La categoría de riesgo elevado incluye a los países que en la evaluación se consideran afectados por sobreendeudamiento).

A medida que los países procuren reactivar el crecimiento y embarcarse en una recuperación resiliente tras la pandemia, necesitarán acceder a mayores volúmenes de financiamiento sostenible,  y deberán redoblarse los esfuerzos para hacer frente a las vulnerabilidades derivadas de la deuda.

El enfoque de la AIF basado en incentivos está diseñado para apoyar reformas que aborden las vulnerabilidades derivadas de la deuda

La AIF ha respondido con rapidez mediante un aumento significativo en el financiamiento otorgado en condiciones altamente concesionarias, al que se suman las donaciones proporcionadas a los países más vulnerables al sobreendeudamiento, a fin de satisfacer las necesidades inmediatas relacionadas con la pandemia y respaldar los avances hacia los objetivos clave de desarrollo.

Como parte de sus esfuerzos de respuesta, la AIF también ha dedicado especial atención a la deuda. La Política de Financiamiento Sostenible para el Desarrollo (PFSD) (i), que se encuadra en el programa más amplio del Banco Mundial referido a la deuda, tiene como objetivo ayudar a los países a gestionar las crecientes vulnerabilidades y riesgos de la deuda pública. Esta política complementa otras medidas, como la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI) implementada por el Grupo de los Veinte (G-20), y posibilita que se refuercen mutuamente, en particular a través de la creación de condiciones propicias para lograr la transparencia de la deuda.

Esta nueva política tiene la finalidad de incentivar a los países a avanzar hacia un financiamiento transparente y sostenible, y promover la coordinación entre la AIF y otros acreedores. En virtud del Programa para Mejorar la Sostenibilidad de la Deuda, encuadrado en la PFSD, cada año los países que muestren riesgos de endeudamiento elevados deben identificar las medidas normativas y de desempeño que resulten cruciales para mejorar la transparencia y la gestión de la deuda, así como la sostenibilidad fiscal. Los que no apliquen satisfactoriamente dichas medidas no podrán acceder al 10 % o al 20 % de las asignaciones de la AIF que les corresponderían el año siguiente, según el nivel de riesgo de sobreendeudamiento.

En reconocimiento de que el financiamiento sostenible es una responsabilidad colectiva de los prestatarios y los acreedores, el Programa de Acercamiento a los Acreedores encuadrado en la PFSD tiene como objetivo promover el acercamiento a los acreedores y su coordinación en relación con las prácticas de préstamo transparentes y sostenibles, lo que incluye la transparencia de la deuda.

Las vulnerabilidades derivadas de la deuda como eje del diálogo sobre políticas en los países clientes de la AIF

Según muestran las experiencias iniciales, la implementación de la PFSD permite plantear las cuestiones relativas a la deuda como eje central del diálogo sobre políticas en los países clientes de la AIF e influir en los programas de reforma apoyados a través de las operaciones de préstamo del Banco Mundial, en especial las de financiamiento para políticas de desarrollo. Hasta ahora, se han observado (i) avances continuos en la identificación de medidas normativas y de desempeño sólidas, en las que se han tenido en cuenta los análisis de sostenibilidad de la deuda, el mapa de calor (i) que elabora el Banco Mundial para medir el alcance de la divulgación de información sobre la deuda, y otros análisis. De hecho, en los primeros cinco meses transcurridos desde que comenzó a implementarse esta política en julio de 2020, 26 países clientes de la AIF aprobaron medidas normativas y de desempeño. La cifra se elevó a 47 a mediados de febrero, lo que equivale al 85 % de los países que debían identificar tales medidas.

Los resultados muestran que casi las tres cuartas partes de los 47 países cuyas medidas normativas y de desempeño fueron aprobadas contaban con al menos una medida centrada en la transparencia de la deuda, por ejemplo, mejoras en la exhaustividad de los datos sobre la deuda pública y la puntualidad en la presentación de informes.

El fuerte énfasis de la política en la transparencia pone de relieve la importancia de contar con datos sólidos para evaluar con precisión la sostenibilidad de la deuda, y de garantizar a la vez que los recursos se utilicen de manera eficiente y eficaz, en especial en un contexto de riesgos más elevados y mayor necesidad. La mejora de los datos y el incremento de la transparencia también resultan beneficiosos para todas las partes: ayudan a los responsables de la formulación de políticas a tomar decisiones mejor fundamentadas sobre endeudamiento e inversión; permiten a los inversionistas y acreedores establecer precios adecuados para el riesgo soberano, y sirven de apoyo a los mecanismos de rendición de cuentas de los Gobiernos, promoviendo así la eficiencia del gasto..


Gráfico 2: Áreas prioritarias de las medidas normativas y de desempeño (Porcentaje de países clientes de la AIF con medidas aprobadas, por área prioritaria)

Gráfico 2: Áreas prioritarias de las medidas normativas y de desempeño (Porcentaje de países clientes de la AIF con medidas aprobadas, por área prioritaria)

Más allá de la transparencia, con estas medidas también se abordaron la sostenibilidad fiscal y la gestión de la deuda, factores igualmente cruciales para garantizar una recuperación resiliente tras la pandemia de COVID-19. Las medidas de sostenibilidad fiscal se centraron en mejorar la identificación y gestión de los riesgos fiscales, incluso los derivados de las empresas estatales. Estas medidas representan los primeros pasos hacia reformas que permitirán mejorar la eficiencia del gasto. El 85 % de los países cuentan al menos con una medida referida a la gestión de la deuda. En dos tercios de los países, se incluye también un límite máximo para el endeudamiento externo en condiciones no concesionarias. Sin embargo, si bien estos topes son importantes para ayudar a reducir las vulnerabilidades derivadas de la deuda, también podrían restringir la eficacia de la respuesta y la recuperación ante una crisis, a menos que se disponga además de recursos suficientes en condiciones concesionarias.

Para abordar las vulnerabilidades derivadas de la deuda se requiere una perspectiva a mediano plazo

Los factores subyacentes que dan lugar a la vulnerabilidad derivada de la deuda son complejos, y para encararlos adecuadamente se requiere una perspectiva a mediano plazo.  Por este motivo, la PFSD fue establecida como un proceso plurianual que facilita la colaboración continua con los Gobiernos de los países en el área de las políticas.

De hecho, las experiencias iniciales con la implementación de la política muestran que la mayoría de las medidas normativas y de desempeño son programáticas, por lo que establecen un plan sólido a mediano plazo para resolver de manera progresiva las vulnerabilidades derivadas de la deuda. Pero para hacer frente a todos los desafíos de esta crisis sin precedentes, se necesitarán reformas amplias que exceden el alcance de la PFSD y que deberán contar con el apoyo de un financiamiento sostenible. Cuando llegue el momento, la capacidad única de la AIF para coordinar y colaborar estrechamente con otras organizaciones internacionales y partes interesadas será un elemento esencial que ayudará a los países a abordar las vulnerabilidades derivadas de la deuda  y a recuperarse de modo tal de lograr mayor solidez que antes.